Categoría: Derechos de simio
31 Octubre 2006

Proyecto Gran Simio Nos separa un 1% de genoma? Lo importante es la función de esa diferencia.
Ha levantado bastante revuelo la presentación de una propuesta no de ley por la que se insta a la Congreso de los Diputados a apoyar los objetivos del 'Proyecto Gran Simio' (PGS).
El proyecto gran simio (http://www.proyectogransimio.org), es un proyecto internacional que intenta incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, al otorgarles la protección moral y legal de la que, actualmente solo gozan los seres humanos.
A muchos les ha dado la risa sobre la validez racional de tal propuesta, pero lo cierto es que la propuesta es una consecuencia lógica de la enorme confusión causada por la revolución biogenética, que ha removido los límites tradicionales usados para definir “que es lo humano”.
No es la primera vez en la historia que ocurre esto. En la época de los griegos, el debate estaba situado en si los bárbaros eran humanos o no (bárbaro viene de que hablaban diciendo ba-ba-ba, es decir, que no sabían hablar). Por eso existieron los esclavos, porque se les consideraba bárbaros, es decir no humanos.

Esta mentalidad ha cristalizado en el FMI y el Banco Mundial, que promueven la libre circulación de capitales y bienes, mientras que al mismo tiempo se limita la libertad de circulación de los trabajadores. El muro de Berlín ha sido sustituido por el muro de Tarifa (Jesús Ballesteros, Ecología Personalista).
El hombre es considerado por el liberalismo como un ser depredador de la naturaleza, que depende sólo de la civilización, pero no de la Tierra. Al desconocer la importancia de la naturaleza como hogar del ser humano, se considera que no hay límites, que no hay nada sagrado que le trascienda, y que la realidad puede ser manipulada, siendo lícito todo aquello que es técnicamente posible.
La mentalidad tecnocrática moderna, ve al hombre fuera de la naturaleza y por encima de ella. Esta mentalidad, ha entrado en crisis de forma brutal, porque existe un riesgo real de destruir toda la vida sobre la tierra (calentamiento global, guerra nuclear, destrucción del Amazonas, etc).
El cambio de paradigma económico, no es que sea una opción, sino que es una necesidad para la supervivencia de la Tierra. El PGS destaca que la diferencia genética entre el chimpancé y el hombre es de un 1.4%, que el hombre no está por encima de la naturaleza sino dentro de ella, y eso es totalmente cierto.
Pero el PGS también implica errores de bulto. Es cierto que sólo existe un 1 y pico por ciento de diferencia entre los simios y los humanos. Pero, no nos olvidemos de que el genoma de la hembra y el macho humano se diferencian un 3%. ¿Significa esto que el simio macho es más humano que la hembra con respecto al macho humano o al revés? Entonces, adiós igualdad de género y bienvenido al absurdo.

No es una cuestión de cantidad, sino de qué lugar y qué función tienen los genes en la doble hélice. El tema es mucho más complejo, y sólo hemos comenzado a estudiarlo. Deberíamos de ser más pacientes y sacar conclusiones cuando tengamos más datos.
Además, existen muchas especies de simios. Los individuos animales forman una especie, cuando el intercambio genético en el apareamiento sólo es posible dentro de esa especie. Sin embargo, qué casualidad, en el ser humano sólo existe una especie, y la especie de homínido que sobrevivió es la más débil de todas, mucho más débil físicamente que el Neandertal, por ejemplo. Sin embargo, es la especie animal que más éxito ha tenido en la historia del planeta tierra, si atendemos a su cantidad de biomasa comparada con otras especies.
La evolución demuestra que provenimos de los simios, y que nos desarrollamos como humanos al erguirnos y hacernos bípedos, liberando las manos y haciendo herramientas. Eso permitió disminuir el tamaño de la mandíbula, lo que a su vez dio paso a un aumento de la capacidad craneal, al desplazamiento del centro de gravedad y a un erguimiento mayor.
Pero surgió un problema. Para ser bípedas, el canal del parto de las primeras homínidas tuvo que estrecharse progresivamente, debido al problema biomecánico del centro de gravedad, haciendo que los partos se hicieran más espaciados y más difíciles. En los cuadrúpedos, el parto es mucho más sencillo, y en los simios también, porque no andan erguidos del todo como nosotros, ya que las manos son semimotoras.

Si el cerebro humano creció en capacidad, y por otro lado el canal del parto se estrechó, la única solución era que el cerebro de la cría se ablandase (esto está muy bien explicado en el ya clásico libro de F. J. Ayala y Camilo J. Cela Conde, Evolución Humana).
Todo este avance en inteligencia, conllevaba un coste: al ablandarse el cerebro de la cría, y espaciarse los partos, la crías necesitaban más cuidados. La cría de chimpancé se agarra a la espalda de su madre, que sube corriendo a un árbol. El ser humano no puede hacer eso.
El ser humano al nacer, es el animal más débil, porque es el animal más indeterminado, su cuerpo es menos herramienta que el de un tigre por ejemplo. Su fuerza está en la inteligencia, que es plasticidad pura, porque es abstracta. Pero para que la inteligencia pueda desarrollarse, es necesaria una comunidad de homínidos que le protejan en las fases más débiles y que le transmitan durante un período enormemente largo comparado con el resto de especies, un montón de conocimientos y experiencias.
No hay una persona humana desarrollada normalmente, si no hay una comunidad de homínidos que le ayuden en sus fases iniciales. Además, las hembras, cuando están embarazadas, son mucho más débiles que otras especies, y el parto es más arriesgado.

Resumiendo: no es que la compasión y la ternura merezcan la pena. Es que sin ellas no seríamos humanos porque no seríamos nada. La especie humana tiene un único conjunto de genes, pero de genes intercomunicantes.
La propuesta de Peter Singer de negar dignidad a los seres no autoconscientes como los niños pequeños o las personas comatosas y descerebradas, es simplemente, una propuesta contra la Humanidad, porque el ser humano es constitutivamente dependiente, algo que se empieza a reconocer con la nueva Ley de Dependencia.
Me temo que proyectos como éste que desean derribar barreras entre “ellos” (los animales) y “nosotros (las personas), pueden ser una excusa para levantar más barreras entre los seres humanos, con el riesgo de destruir la unidad de la especie humana, y de ampliar los derechos humanos sólo a los simios y a los robots (que ya son capaces de algunos procesos cognitivos), mientras se eliminan humanos débiles y dependientes.

Los simios y otros animales igual de inteligentes como los delfines, tienen que ser protegidos. La naturaleza, el mundo, es nuestro hogar, y debemos protegerlo y guardarlo, pero, teniendo claro que los derechos humanos son aplicables a toda la especie humana, que es la única especie que tiene un lenguaje, porque es la única especie que piensa, tal y como dice Noam Chomsky.
El ser humano es el único capaz de habitar todos los nichos ecológicos, al establecer el clima artificial que más le conviene. Por eso, tenemos el deber ético de defender las realidades naturales que no pueden defenderse por sí mismas, como los simios, las diversas especies animales y vegetales que forman los ecosistemas, que son también la herencia de las futuras generaciones, que tampoco se pueden defender de nuestras agresiones a la Tierra.
Mas que un PGS, nos hace falta un GPS cuyo objetivo sea la defensa de todos aquellos que no se pueden defender. ¿No es esa la tarea que siempre nos ha hecho humanos de verdad?
Publicado en Forumlibertas, 28-04-2006
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31 Octubre 2006

espasa ensayo 25-10-2006 Gómez Pin reivindica singularidad hombre frente animal y máquina
El doctor en Filosofía por la Sorbona Victor Gómez Pin reivindicó hoy 'la singularidad del ser humano, tanto frente al animal como a la máquina', en la presentación de su libro 'Entre lobos y autómatas', con el que en septiembre pasado ganó la última edición del Premio Espasa de Ensayo.
En un encuentro con la prensa en que participaron también el rector de la Autónoma de Madrid y catedrático de Filosofía, Angel Gabilondo, el filósofo de la ciencia y la tecnología Javier Echeverría y el premio Nobel de Literatura José Saramago, Gómez Pin dijo que su libro es 'un libro ético' en el que se reivindica al hombre como 'hijo y milagro de la evolución, con el que no pueden homologarse ni la máquina ni el animal'.
Situándose en una posición distante por igual de los 'lobos' -la naturaleza y el mundo animal, que a su juicio han ido en los últimos tiempos cobrando un papel más relevante de lo deseable en ambientes ecologistas y en proyectos como el Gran Simio- y de los 'autómatas' -la inteligencia artificial, que intenta construir máquinas cada vez más parecidas a los seres humanos-, el autor afirmó que 'el ser humano sigue siendo absolutamente irreductible'.
'La inteligencia abstracta y el lenguaje, la ciencia y la tragedia, son exclusivas del ser humano', dijo Gómez Pin, a quien las pretensiones de lo que él considera 'humanizar' a las máquinas, unos, a los animales, otros, le preocupan en la medida en que puedan significar la alienación del ser humano.
Gómez Pin, para quien tal cosa como la inteligencia artificial no existe, señaló que 'el hombre es el único animal cuya esencia es preocuparse por las demás especies', por lo cual 'una ecología efectiva, racional y militante pasa por restaurar al hombre en el centro'.
Según Echeverría, en 'Entre lobos y autómatas', Gomez Pin critica esta 'descentralización del hombre hacia los animales y hacia las máquinas' sin que ello signifique, por un lado, ni una negación de la animalidad del hombre ni la de la tecnología', y lo hace 'ridiculizando a los vendedores de cacharrerías tecnológica pero también la opulencia animal frente a la miseria humana', dijo.
En el mismo acto, Saramago se preguntó 'qué hemos hecho del hombre', habida cuenta de que, pese a encontrarnos en los avances y la tesitura que pinta Gomez Pin, 'nunca hubo tanta miseria y tan profunda en el mundo', y Gabilondo dijo que el libro de Gómez Pin, dirigido contra todo tipo de 'papanatas', habla de 'ese algo que sólo les pasa a los humanos', aunque estemos aún por dilucidar qué es ello, con un discurso 'no contra la técnica, sino contra la tecnocracia y a favor de la ciencia'. LEER MÁS
FUENTE
http://actualidad.terra.es/cultura/articulo/gomez_pin_reivindica_singularidad_hombre_1165272.htm
Terra Actualidad - EFE
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4 Agosto 2006
El proyecto Gran Simio: ¿genialidad o esperpento?
http://www.bioeticaweb.com/content/view/4236/40/
Estos días pasados un partido político ha tomado la iniciativa de solicitar la adhesión de España al Proyecto Gran Simio. Se trata de una iniciativa surgida en 1993, -con poca difusión y menos adhesiones institucionales, hasta ahora- que agrupa a personas provenientes de diversos ámbitos científicos sobre todo del área anglosajona. Su idea se plasmó en la Declaración de los Grandes Simios Antropoideos, y en un libro con las aportaciones de esos diversos autores: El Proyecto Gran Simio: la igualdad más allá de la humanidad (1993).
A la cabeza del proyecto, y coordinando este libro está Peter Singer (Melbourne, 1946). El libro muestra no solo la diversidad de enfoques –propia de una obra de colaboración-, sino una gran confusión e incluso contradicciones en los razonamientos que se exponen. La idea común, sin embargo, es la que viene recogida en el título del libro: más allá de la comunidad que formamos los hombres, “exigimos que la comunidad de los iguales se haga extensiva a todos los grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes” (Declaración).
No se trata, por tanto, de una propuesta de tratar mejor a un tipo de animales determinado: los simios. Esta mejora ha ido creciendo en los últimos tiempos, y en estos momentos tenemos legislación, tanto española como europea, que protege los derechos de los animales.
Por el contrario, se trata de la propuesta de un cambio antropológico: el hombre no debe mirarse a sí mismo como algo específico, sino como formando parte de un común en el que entran también los simios. Como consecuencia los derechos que reconocemos a los humanos, por el hecho de serlo, deben aplicarse también a estos animales.
La cercanía genética, y algunas habilidades que se encuentran en estos animales que tienen un cierto parecido con el comportamiento humano, se asumen como fundamento de la identificación sustancial con el hombre.
Se hace desaparecer la especificidad del ser humano por algunos parecidos que se encuentran en otros seres, cuando hasta ahora hemos entendido que, aunque haya algunos parecidos, e incluso una gran cercanía genética, el hombre es una criatura totalmente distinta porque es racional y libre. Por ello, también nuestra cultura ha reconocido en el ser humano, por el hecho de serlo, unos derechos que lo hacen dotado de dignidad e inconmensurable. Y eso se lo reconocemos al hombre, sea niño o anciano, listo o torpe, sano o enfermo; sea cual sea su condición le reconocemos la dignidad de ser humano.
Peter Singer, por el contrario cifra la fuente de la dignidad no en ser humano, sino en el ejercicio de algunas cualidades que define de una forma u otra según los casos: sentir o no dolor, ser capaces de hacer un proyecto de vida o no, tener capacidad autónoma de relacionarse con los otros… Esto le lleva a afirmar que sólo el hombre que tenga esas capacidades será persona, y a su vez si un animal tiene algo de esas capacidades se le podrá considerar persona. Un niño pequeño no es una persona mientras que un gorila adulto sí lo es. Por tanto si no nos deshacemos del niño es por sentimentalismo, pero no porque tenga ningún derecho.
Él mismo hace algunas aplicaciones prácticas de su pensamiento: “algunas personas nacen con discapacidades psíquicas irreparables. La vida de estos seres humanos no es superior o más valiosa que la de los perros, los cerdos o las vacas”, o “antes prefiero un experimento con un embrión humano excedente que con una cobaya” (Babelia, 2002)
Ciertamente todas estas afirmaciones chocan contra nuestra cultura y quizás por eso han tenido, hasta ahora, muy poco predicamento. Sin embargo ahora se plantea la adhesión de toda España a este proyecto. ¿Quizá hasta este momento había pasado desapercibida esta genialidad, y sólo ahora ha sido descubierta, o estamos a punto de dar un paso esperpéntico?
Cada uno piense lo que quiera, pero indudablemente de lo que apoyemos o rechacemos surgirá la sociedad en la que viviremos dentro de unos años. Imaginemos qué sociedad deseamos, y cómo nos gustaría que fuera, y defendamos unos proyectos u otros. No caigamos en la alabanza de los magníficos vestidos del rey, si lo que vemos es que el rey va desnudo.
Pulicado en Canarias7 07-05-2006
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4 Agosto 2006
Gran Simio
JOSÉ MARÍA CASIELLES AGUADÉ
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1290&pIdSeccion=52&pIdNoticia=410401
El proyecto «Gran simio» es una monada internacional inspirada en la política de los Verdes. Los científicos distinguimos entre ecólogos y ecologistas, que es como distinguir entre el aficionado al fútbol y el «hoolligan».
Dice Joaquín Araujo, que al parecer también está metido en esta promoción del Planeta de los Simios, que la iniciativa parlamentaria para la protección de los grandes monos quiere ser una llamada a una gigantesca escuela de pacifismo universal. Para mí que quiere llevar la alianza de civilizaciones a las ramas de los más remotos árboles ecuatoriales, pasándose siete selvas.
Así estamos. Mientras la ONU sigue cruzada de brazos ante el brutal genocidio de Darfur, que ya contabiliza más de dos millones de muertos entre dos pueblos hermanos de África, vamos a meternos en la niebla para asistir a los gorilas.
Hay gente que aprecia más a los animales que a las personas. Decía el otro día en Euronews un atildado caballero inglés, elogiando justamente en su octogésimo aniversario a la reina de Inglaterra Elizabeth II, que su graciosa majestad era una señora tan discreta que sólo hacía confidencias a sus caballos y a sus perros, porque había aprendido, dolorosamente, que las realizadas a sus cortesanos iban a parar con frecuencia a los tabloides británicos que, como todo el mundo sabe, son terriblemente cotillas.
Yo manifiesto mi sincero respeto y simpatía por la reina Isabel de Inglaterra, y no he olvidado cómo aguantó estoicamente en Londres los durísimos bombardeos de la Luftwaffe durante la II Guerra Mundial, negándose a trasladarse a Canadá para salvaguardar su seguridad personal, como le propusieron entonces distinguidos políticos de la Commonwealth. Esto es lo que se llama «estar allí» y solidarizarse con el pueblo; o dicho de otro modo más castizo, la profesionalidad en el oficio; que también lo es -y muy noble- la corona cuando se lleva con entereza y dignidad.
Volviendo a las monerías, es bueno aclarar que la analogía que exaltan los genetistas entre los hombre y los póngidos, sobre la estricta base de que los humanos y los chimpancés tenemos más del 97 por ciento de genes comunes, olvida lo que fundamentalmente nos distingue de los grandes simios antropomorfos, que es el cerebro. Para empezar, un chimpancé tiene que fastidiarse con una capacidad craneal de quinientos centímetros cúbicos -lo que es «muy poca cilindrada»- y nosotros tenemos mil cuatrocientos. Eso ya dice bastante sobre lo que se puede guardar ahí dentro: pero las diferencias de equipamiento neuronal son tan distintas como las que puede haber entre una calculadora de cocina y un ordenador avanzado de investigación. En pocas palabras: cuando los gorilas construyan catedrales, empezaré a tomármelos en serio.
Tengo para mí que Araujo olfatea rastros políticos. Pero, hasta tal vez coincidamos en algunos criterios. Yo critiqué ciertas fórmulas de caciquismo partitocrático y, naturalmente, las listas electorales cerradas y bloqueadas. Por lo que siempre valoré más la condición de senador -electo, no digital- que la de diputado en Cortes. Recuerdo perfectamente que llegué a asegurar que si la mona «Chita» hubiese podido disponer de documento nacional de identidad, y fuese propuesta por un partido -incluso mediano- como cabeza de lista por una jurisdicción electoral amplia, obtendría indefectiblemente un escaño de diputado/a.
En resumen, esta iniciativa para reconocer derechos humanos a los grandes simios puede tener consecuencias, no sé si cómicas o serias: algunos van a demandar puestos de trabajo; otros pueden reclamar el derecho de voto; y tal vez unos terceros intentarán casarse por lo civil. Y, ¿qué les voy a decir de los monos de Gibraltar? Menos mal que son macacos y no grandes simios; pero seguro, seguro, que pretenderán ser una nación independiente.
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4 Agosto 2006
El tiempo de la evolución
Xabier Iglesias/(Donostia)
http://servicios.diariovasco.com/pg060606/prensa/noticias/Opinion/200606/06/DVA-OPI-350.html
Quisiera aclarar ciertas cuestiones planteadas en la carta Evolución y Gran Simio. Primero, el ser humano no procede del simio o los monos; la realidad es que nuestra línea evolutiva parte de los primates y es la línea de los Homínidos, no la de los Simios. Segundo, los monos no se convierten en hombres del mismo modo que los reptiles no se convierten en aves, aun cuando conocemos y está probada su procedencia. El proceso evolutivo no es un proceso de metamorfosis como el de los insectos en el que hoy soy larva y mañana ninfa, un animal no decide evolucionar un buen día sin razón aparente, es el resultado de sucesivas mutaciones y eliminación de individuos no aptos a lo largo de millones de años. Realmente especies anteriores al homo sapiens, no los monos como ya he aclarado, desarrollaron capacidades artísticas como la pintura a la par que desarrollaban sus facultades inventivas. Si existió una acción externa o no es una cuestión de fe que no debe mezclarse con las evidencias científicas. La realidad es que no existió un salto cualitativo en el proceso evolutivo del ser humano que nos diferencie del resto de especies.
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4 Agosto 2006
Las falacias del Proyecto Gran Simio
Permalink 04.05.06 @ 11:03:00. Archivado en Cultura
http://blogs.periodistadigital.com/santiagonavajas.php/2006/05/04/p25166
En el debate de ayer y hoy, en CNNplus, entre Araujo y Subirats, acerca de la iniciativa del primero sobre el Proyecto Gran Simio, el segundo, un filósofo político, le explicaba al ecologista fundamentalista las inconsistencias y trivialidades que comporta igualar a seres humanos con el resto de animales.
Una de las fotos más impresionantes que realizó Cartier Bresson fue la de un mono "torturado" en un laboratorio de Berkeley. La vi por primera vez cuando realizaba una recensión del libro de Linden. Entonces supe de Washoe y otros monos a los que les estaban intentando enseñar los rudimentos de la lengua de signos. Existe un documental sobre su enseñanza cuya visión es muy recomendable para formarse una opinión sobre las capacidades cognitivas de los simios. Es realmente terrorífico como la separan de su "familia" humana y la introducen en unas jaulas con otros de su especie.
Sin embargo, tanto en el libro de Linden como en el documental existía una clara voluntad de antropomorfizar en demasía a Washoe. Ya lo advertía Juan Benet (ver infra)
Como ha dicho Araujo, uno de los defensores del Proyecto Gran Simio, el ser humano es un gran simio. De lo que no se sigue que todos los grandes simios deban ser considerados humanos. De lo que no se sigue que los grandes simios no deban tener una protección especial, en cuanto que tienen una capacidad cultural y sentimental considerable. Pero de aquí a que se les reconozcan derechos hay un salto lógico-moral no argumentado.
Pero los animales, salvo los protagonistas de El Planeta de los Simios, no deben tener la misma consideración humana que los humanos porque no existe un correlato epistemológico, fisiólogico o moral entre ellos y nosotros. No son capaces de ser libres en el sentido humano, y por lo tanto tampoco sujetos de deberes ni derechos. Si un simio mata a un ser humano sería absurdo considerarlo un asesino. Del mismo modo supone una extrapolación semántica excesiva decir que están esclavizados en un zoo o un circo. Sólo puede ser esclavo quien podría decidir por sí mismo su destino.
Especialmente capcioso me parece el pseudoargumento de la similitud genética. Al fin y al cabo tenemos una igualdad al 100% de partículas elementales que nos igualan con todos los seres, vivos y no vivos, naturales y no naturales, y nadie, salvo algún panteísta suicida, se le ha ocurrido deducir derechos de dicho hecho. La falacia de la argumentación respecto a la similitud genética, olvida que lo importante en todo caso no es el número de genes sino su estructura, es que deja fuera a los grandes cetáceos, como las ballenas o los delfines. Ellos también deberían de ser protegidos (que conste que el Proyecto Gran Cetáceo surge aquí y ahora)
Que no deben ser susceptibles de derechos al mismo nivel que los seres humanos se entiende al plantear un experimento mental: supongamos que para investigar el funcionamiento del cerebro debieramos realizar experimentos con los grandes simios debido precisamente a nuestro especial parentesco. Sólo desde el fanatismo ecologista se pretendería que dicha experimentación sería ilegitima e inmoral. Del mismo modo que sí es legítimo investigar con embriones para desarrollar terapias génicas sería igualmente legítimo la investigación con los grandes primates no humanos si ello repercutiese en una mejora científica, teórica y práctica, de la especie humana.
Sólo los talibanes religiosos -de índole sagrada o laica- se oponen a dichas investigaciones con embriones y/o simios. Lo que no quita que intentemos establecer investigaciones con otros objetos si es posible. Pero la diferencia entre sujeto y objeto debe ser mantenida aunque sea en defensa propia. Es sintomático que el movimiento ecologista mayoritario esté derivando en una antropofobia que ha llevado incluso a proponer el genocidio de la especie humana para salvar a Gaia. En este sentido gritar ¡Vivan los animales! parece querer decir ¡Mueran los humanos!
Decía Juan Benet que Walt Disney ha sido uno de los grandes corruptores filosóficos de la humanidad. Quizás yo sea un perverso antropocéntrico pero los que promueven el Proyecto Gran Simio, al menos en su actual presentación, forman parte del proceso de waltdisneyzación que nos hace más ingenuos. Y es mejor ser perverso que estar pervertido.
El problema interesante no es, será, los derechos de los animales, sino los derechos de las máquinas inteligentes.
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23 Mayo 2006
Progresistas en la niebla
ALFREDO MARCOS/PROFESOR DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
http://www.nortecastilla.es/pg060522/prensa/noticias/Articulos_Opinion/200605/22/VAL-OPI-158.html
EL progresismo ibérico es como los yogures, se vende en 'pack' indivisible. No es fácil conciliar el velo islámico con el feminismo; la gorra belicista de Guevara, con el pacifismo; el puro de Fidel, con la fresa y el chocolate; ni el nacionalismo, con la igualdad. Pero, qué más da, ¿acaso hablamos de coherencia? No, hablamos de ideología. El progresismo se apoya sobre la idea de que alguien conoce el curso futuro de la historia, alguien sabe cuál es la dirección inexorable del progreso, y a los de-más nos toca seguirle. Ese alguien puede ser desde un partido político hasta un intelectual de moda o un cantante 'démodé'. Pero no es así, no podemos predecir el futuro de la historia, no sabemos hacia dónde va la humanidad. En palabras de Karl Popper, el futuro está abierto, y lo que resulte dependerá principalmente de nuestra libertad individual. Luego la ideología progresista carece de base. A falta de una base sólida, el progresismo se ha convertido en un haz de ideas, muchas veces contradictorias entre sí, ligadas tan solo por factores circunstanciales, por la demagogia o el oportunismo. Solo así se puede entender que el progresista hispánico medio simpatice hoy con ideas que hasta hace dos días consideraba retrógradas, como el nacionalismo, el islamismo o el indigenismo. De este modo sobrevenido y arbitrario, se viene a sumar al 'pack' progre también la defensa de los supuestos derechos de los grandes simios. Personas que confunden a un chimpancé con un bonobo; a Dian Fossey, con Sigourney Weaver; a Jane Goodall, con un personaje de Los Simpson, han captado no obstante que hoy la cosa va de gorilas, que ahora toca salvar al gran simio. Ahora, que ya no hay derrames de crudo en el océano, que ya no existen guerras sobre la faz de la tierra, nos queda la causa del orangután.
Por si alguien prefiere informarse antes de ponerse la pegatina, sépase que la preocupación por el sufrimiento animal procede de las tradiciones liberales y utilitaristas anglosajonas, del pensamiento de autores como Jeremy Bentham y de las investigaciones biológicas de Charles Darwin. Desde los años ochenta del siglo pasado, esta sensibilidad moral se ha ido extendiendo gracias a las intensas, e incluso a veces heroicas, investigaciones de campo llevadas a cabo por primatólogas como Fossey, autora del famoso libro 'Gorilas en la niebla', o Goodall. Gracias a ellas, hemos conseguido un nuevo y sorprendente conocimiento de la conducta animal y de los nexos sociales y afectivos que se dan en las poblaciones de grandes simios. Merced al apoyo y la difusión que dio a estas investigaciones el National Geographic, con hermosísimas y conmovedoras imágenes, se logró una repercusión pública sin precedentes. Ambas científicas trabajaron dentro de un proyecto más amplio concebido por Louis Leakey, especialista en evolución humana. Pero, con independencia de lo que pudiera enseñarnos sobre la evolución humana, la observación sistemática y continuada de los grandes simios en libertad se reveló como una fuente apasionante de conocimientos que interesan por sí mismos. Mostró, entre otras cosas, que la caracterización del animal como una especie de máquina conductista era perfectamente falsa. Muchos animales -no solo los grandes simios- tienen una imagen mental del mundo, están dotados de imaginación y de memoria, de ciertas emociones y forman parte de una tupida red de relaciones sociales y ecológicas. A diferencia de los seres humanos, los demás animales no poseen autoconciencia, pero podemos pensar que su sufrimiento y dolor se parecen mucho al nuestro, y podemos obrar en consecuencia de forma empática.
Ahora bien, una ética que busque evitar el sufrimiento animal no tiene por qué derivar en una política absurda de invención de nuevos sujetos de derecho, ni mu-cho menos en una nueva antropología que pase ahora a olvidar las tan evidentes diferencias entre los humanos y los demás animales. Tras igualar a los humanos con los otros animales, corremos el riesgo de acabar tratando a los humanos como ni siquiera los otros animales deberían ser tratados. De hecho, el principal ideólogo del Proyecto Gran Simio, Peter Singer, se muestra tolerante con el infanticidio. Quien no haya leído los textos de Singer es posible que dude de que un moralista reputado pueda combinar la sensibilidad más exquisita ante el sufrimiento animal y la más irresponsable de las cegueras ante el valor de la vida humana, especialmente de la vida de los más débiles. Pero así es. Sus textos son perfectamente explícitos. En su libro Ética Práctica podemos leer: «La vida de un recién nacido tiene menos valor que la de un cerdo, un perro o un chimpancé [ ] Las razones para no matar personas no son válidas para los recién nacidos». Y propone directamente negar el pleno derecho jurídico a la vida a los bebés menores de un mes por el momento. Antes de colocarse la pegatina, calculen ustedes el riesgo al que nos abocan. ¿Sería mucho pedir?
Basta con el sentido común para saber que si es posible evitar el sufrimiento animal, hay que evitarlo. En esa línea apuntan tantas medidas que desde hace tiempo se vienen tomando para la correcta regulación de la cría, el transporte y el sacrificio de animales.
Pero, convertir estas observaciones de puro sentido común en un estandarte partidista, en un disparate jurídico, en la disculpa para la imposición de una nueva antropología oficial, eso solo puede responder a los intereses oportunistas de un gobierno como el nuestro empeñado en la reeducación de las conciencias.
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18 Mayo 2006
Alma y método científico
Justo Martín Alonso/(San Sebastián)
http://www.diariovasco.com/pg060518/prensa/noticias/Opinion/200605/18/DVA-OPI-374.html
Si el señor Izeta afirma como biólogo que «el ser humano es biológicamente un primate», entenderá que muchos nos hagamos la legítima pregunta sobre cómo se explica el salto cualitativo entre el simio y el hombre. Si resulta que el genoma del mono y del hombre coinciden al 99%; ¿en qué se basa la diferencia tan esencial entre ambos? ¿Cómo es posible que el hombre sea capaz de desarrollar acciones espirituales (arte, filosofía, religiosidad, etc ) que son inexplicables desde sus instintos biológicos? Si la biología es incapaz de explicarlo, la antropología filosófica tiene una explicación: la existencia del alma. Por ello, discrepo del señor Izeta en la crítica que realiza al artículo del señor Munilla (De la evolución a la involución: volvemos al mono, DV 10-05-06). Yo soy químico de profesión, y no se me ocurre pensar que no exista más que el método experimental para conocer la realidad. ¿Sería un dogmatismo imperdonable por mi parte! La antropología filosófica, que es también una ciencia, llega a la conclusión de la existencia del alma utilizando el principio de causalidad. Si el hombre es capaz de realizar acciones espirituales, no reductibles al instinto biológico, es perfectamente coherente la deducción filosófica de la existencia de un principio espiritual en el hombre. Dejando a un lado mi condición de químico, me uno a la crítica de José Ignacio Munilla a la iniciativa política socialista de apoyo al proyecto Gran Simio. Hecho también en falta que el señor Izeta se posicionase en su carta sobre este vergonzoso asunto, que era precisamente de lo que se trataba en el artículo al que criticaba.
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