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La Coctelera

Categoría: Monadas del PSOE

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De la evolución a la involución: volvemos al mono -Lo paradójico es que los que acusaban a la Iglesia de no aceptar a pies juntillas la evolución, sean los protagonistas de la involución. Decían que el hombre proviene del mono, ¿y a mero mono lo h

De la evolución a la involución: volvemos al mono
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JOSÉ IGNACIO MUNILLA AGUIRRE/

http://www.diariovasco.com/pg060510/prensa/noticias/Opinion/200605/10/DVA-OPI-377.html#

A finales de abril se admitía a trámite en el Congreso de Diputados de España una Proposición no de Ley, por la que se instaba a la adhesión al «Proyecto Gran Simio», presentado por la organización internacional del mismo nombre. Por mucho que la ministra Cristina Narbona haya salido a la palestra diciendo que no hay motivo para alarmarse, ya que tan solo se trataría de una iniciativa en favor de la preservación de unas especies en peligro de extinción, muy a pesar de ella, ocurre que existe la posibilidad de conocer directamente www.proyectogransimio.org/ los contenidos y propuestas del Proyecto Internacional Gran Simio, al que el gobierno Zapatero quiere que nos adhiramos. Una vez más, parece que vamos a ser pioneros en sumarnos a una iniciativa que inaugura en España una campaña internacional.

En la web oficial Proyecto Gran Simio se nos ofrece unas imágenes de cuatro simios y un hombre, y entre ellas se coloca el signo matemático de igualdad. Mono = hombre. Los contenidos de la página son claros y diáfanos: «El objetivo es borrar la idea de la especie». «La idea es radical pero sencilla: incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, al otorgarles la protección moral y legal de la que, actualmente solo gozan los seres humanos trabajar por la supresión de la categoría de propiedad que ahora tienen los antropoides no humanos y por la inclusión inmediata en la categoría de personas». «Nuestro objetivo a largo plazo es conseguir una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides». «Compartimos el 98,4% de los genes con los chimpancés, el 97,7% con los gorilas y el 96,4% con los orangutanes... La diferencia genética es menor que la existente entre especies de un mismo género y familia». (Nada se dice en la citada web del dato científico contrastado de que el cerdo tiene mayor similitud fisiológica con nosotros que los simios. ¿Para cuándo el Proyecto Gran Cerdo?, permítasenos la guasa). Pero aunque pudiera parecer todo esto una broma, estamos ante algo muy serio. Peter Singer, filósofo australiano, es uno de los ideólogos de este Proyecto Gran Simio que el parlamento español se dispone a suscribir. Este autor afirma (cf. Etica Práctica, 2ª edición) que si un animal tiene más perspectiva de futuro que una criatura humana que esté enferma, entonces tiene también más derechos. Su ética práctica afirma que los derechos los da la biología. El ser humano es despojado de este modo de su categoría de persona.

¿Por qué oculta esta realidad la señora ministra al afirmar que sólo se trata de una campaña de protección de especies en extinción? ¿No será que al despojar al ser humano de su dignidad de persona humana, se está buscando un aval ético para justificar la experimentación con embriones humanos y lo que esté por llegar con los enfermos en fase terminal?

Sería imposible entender esta propuesta parlamentaria sin tener en cuenta la serie muy larga y concatenada de falsificaciones en temas muy graves de la antropología y de la ética que le es consecuente. Veamos algunos eslabones de esta crisis:

1º.- Cambiar el concepto de persona, disociándolo de la especie humana, requería previamente otras fragmentaciones antropológicas; por ejemplo, disgregar la persona humana de su propia sexualidad. Recordemos que el Gobierno español ha anunciado ya su apoyo a las reivindicaciones de los colectivos de transexuales, para costear las operaciones de cambio de sexo o la permisión de cambio de sexo en el Registro Civil. El sexo ya no sería «algo que se es» (personalidad masculina o femenina), sino «algo que se tiene»: es decir, unos órganos sexuales que pueden cambiarse a elección de cada uno.

2º.- Y a su vez, esta disociación de la personalidad de su propia sexualidad, está en consonancia con la falsificación del concepto de matrimonio, el cual deja de ser la unión del hombre y la mujer. El matrimonio pasaba de ser la institución natural en la que se engendra la vida en comunión de vida conyugal, a un mero pacto civil que ampara una simple convivencia sexual.

3º.- La aceptación del matrimonio homosexual, sin que su imposibilidad de engendrar la vida sea considerada como obstáculo para su equiparación al matrimonio natural, sólo es posible porque anteriormente la mentalidad antinatalista había impregnado nuestros valores. La anticoncepción y el aborto habían introducido una lógica en la que la sexualidad se disociaba de la procreación.

4º.- El terreno había sido abonado también en gran manera por otra desintegración antropológica: amor y sexo. La pornografía se ha encargado de reducir la sexualidad a su dimensión instintiva y animal. Nada que ver con la sexualidad como expresión de amor y vehículo de donación y entrega de la vida.

5º.- La violencia machista no es más que otra manifestación de la animalidad del hombre, un desdibujamiento práctico y moral del concepto de persona. El origen del machismo está en la «ley del más fuerte». Es decir, su raíz está en la vivencia de las relaciones humanas a nivel animal. Al igual que en el reino animal, el macho domina por lo general a la hembra, haciendo del sexo un instrumento de sometimiento.

6º.- Y, ¿cómo no!, el desamor, una de cuyas principales manifestaciones es el divorcio, está en el inicio de todas estas falsificaciones antropológicas. Cuando Benedicto XVI decidió publicar su primera encíclica, Dios es amor, lo hizo plenamente consciente de que el centro de la crisis que padecemos no es tanto la moral, cuanto la carencia de sentido de la existencia. Sólo cuando sabemos que venimos del Amor y que volvemos a él, es cuando podemos dar lo mejor de nosotros mismos, amando con un amor que integra el ágape y el eros. Si en el inicio de la crisis antropológica está el desamor, el Proyecto Gran Simio nos permite comprobar que el último eslabón de esta crisis afecta al mismo concepto de persona.

Lo paradójico es que los que acusaban a la Iglesia de no aceptar a pies juntillas la evolución, sean los protagonistas de la involución. Decían que el hombre proviene del mono, ¿y a mero mono lo han terminado por reducir! Si en la web antes mencionada se dice que simio = hombre; entonces, por lógica, hombre = simio. Por ello, hoy más que nunca, conviene recordar lo que el difunto Julián Marías afirmaba dirigiéndose a un grupo de sacerdotes: «cada vez es más necesaria la predicación de la existencia del alma humana, para preservar la dignidad del ser humano». Nos enfrentamos a un riesgo real de despersonalización del hombre. Con cierta sorna me decía ayer un amigo que había que buscarle a todo su lado positivo: «mi esperanza de que no me apliquen la eutanasia es que me asimilen a los simios». Y de la ironía a la realidad: la última batalla del laicismo se va a concentrar en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana.

http://www.diariovasco.com/pg060510/prensa/noticias/Opinion/200605/10/DVA-OPI-377.html#

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Gran Simio

¿ Ecologistas S.A. como Paco Garrido?. Los ecoclogistas ya se han apoltronado desde que tienen escaño y ganan mucho más que en su vida laboral anterior. ¿POr qué callan algunos ante la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero, callan ante tntas cosas, son tan sumisos al poder? ¿Y los incendios forestales de los veranos?
Por otro lado mejor se dedicara el Gobierno a dar mejor trato a los inmigrantes que tratan de llegar en pateras a las costas españolas, y que muchos de ellos mueren ahogados. Como los más de 1.2000 que murieron en los últimos meses frente a Canarias.
Bueno, lena este enlace

Gran Simio
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COMO los humanos a los que debe su cargo y su representación no tienen problemas que resolver ni en Sevilla, ni en Andalucía ni en España, el diputado verde que festonea el monolítico grupo parlamentario socialista en el Congreso, Francisco Garrido –Paco Garrido, para amigos y conocidos– ha presentado una proposición no de ley para que el Gobierno español se adhiera al Proyecto Gran Simio, cuyo objetivo es proteger del maltrato y liberar de la esclavitud a estos "compañeros genéticos de la humanidad": orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas. Los compañeros simios, vamos.

Es lo que tiene el ecologista cuando se oficializa: una vez logrado el escaño de diputado, tan útil para la mercadotecnia del partido gobernante, el verde llega rápidamente a la conclusión de que allí no van a hacerle ningún caso y que todas las ideas que alegremente le avalaron en el pacto previo a las elecciones (desarrollo sostenible, lucha contra la contaminación, energías renovables, etcétera) se quedan en nada ante la cruda realidad de la economía globalizada y competitiva. Pero entonces, lejos de irse a su casa a rumiar en silencio la frustración de un sueño (otro más), el verde establecido se conforma, se apoltrona y se alivia la mala conciencia con una política de gestos vistosos e inofensivos, guiños de cara a la galería e iniciativas tan aparentemente audaces como descarnadamente extravagantes.

A esta lógica obedece la proposición simiesca. En vez de sacarle los colores al Gobierno –al que debe su puesto– por ser el que más lejos de todos los de Europa se halla de cumplir la reducción comprometida de los gases de efecto invernadero –que eso sí que es un problema grave, para hoy y para mañana–, Garrido le insta a sumarse al Proyecto Gran Simio que, total, es uno de esos planes internacionales cargados de buenas intenciones y que, en el mejor de los casos, acaba en una declaración rimbombante que los Estados casi nunca avalan y que, si los avalan, nunca cumplen. Naturalmente, la proposición está ya pactada con la ministra de Medio Ambiente, encantada de sumarse a una política menos complicada y de más altas miras que la sequía, los trasvases o el calentamiento de la atmósfera.

Cuando se apruebe la iniciativa de Garrido, el Gobierno se comprometerá nada menos que a proteger el hábitat de estas especies, o sea, los bosques primarios de África y Asia. Esperemos que lo haga con más suerte y acierto de los que le acompañan en el trato que dispensa a las decenas de miles de sus parientes humanos que también llegan a nuestras costas desde los bosques primarios africanos y asiáticos. La bondad natural del ecologismo institucionalizado, golpeada en lo más íntimo por su impotencia ante la falta de derechos, la esclavitud y la tortura que padecen dos terceras partes de los seres humanos, se revuelve y proclama los derechos de nuestros primos monos. Pues nada, a cerrar circos y zoológicos.

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- Los entresijos del proyecto "Gran Simio" -

- Los entresijos del proyecto "Gran Simio" -

El pasado martes se presentó en el Congreso de los Diputados el proyecto que pretende equiparar a simios y personas, dándoles protección moral y legal actualmente sólo al alcance de los seres humanos. He aquí las claves de tan sonada iniciativa.
Tal y como recoge `El Confidencial Digital´, el proyecto "Gran Simio", presentado el pasado martes en el Congreso, pretende incluir a dichos animales en la categoría de personas.

Según afirman en ECD, el pasado 5 de septiembre el Grupo parlamentario socialista, a través de Francisco Garrido, un diputado de Los Verdes incluido en sus filas, presentaba en las Cortes una Proposición no de ley que decía lo siguiente:
"El Congreso de los Diputados insta al Gobierno a declarar su adhesión al Proyecto ‘Gran Simio’ y a emprender las acciones necesarias en los foros y organismos internacionales, para la protección de los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y extinción".
Según afirma ECD de fuentes del entorno de Los Verdes:
"La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, está personalmente muy sensibilizada con el tema de los derechos de los animales y que ha facilitado el camino para que esta iniciativa de los ecologistas fuera aceptada como cosa propia en el PSOE y en el mismo Gobierno".
"Además, estas mismas fuentes han confirmado que el proyecto `Gran Simio´ ya se trató en un encuentro en Ferraz, el pasado 4 de abril, en el que se reunieron la Secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Rural del PSOE, Soraya Rodríguez, y el líder de Los Verdes, Francisco Garrido.
Aunque el objetivo principal de esta reunión fue hacer balance de los acuerdos entre los ecologistas y los socialistas en materia nuclear, también se habló del proyecto `Gran Simio´".

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El Partido de Zapatero afirma que no son humanos pero están en nuestra familia

El Partido de Zapatero afirma que no son humanos pero están en nuestra familia
Polémica en España por la propuesta del PSOE de otorgarles "derechos humanos" a los monos
Con la justificación de que el hombre comparte el 98,4 por ciento de los genes con los chimpancés, el 97,7 por ciento con los gorilas y el 96,4 por ciento con los orangutanes, el Grupo Socialista español presentará un proyecto que pide "derechos humanos" para los simios. Esta tesis parte de la organización internacional Proyecto Gran Simio, que busca una declaración de la ONU sobre los derechos de estos animales.

Diarioexterior.com

28 de abril de 2006

Una iniciativa apoyada por el Grupo Socialista del Congreso para reconocer a los simios derechos humanos ha levantado ya la polémica, en víspera de su presentación oficial. A propuesta del diputado Verde adscrito al PSOE, Francisco Garrido, ha sido admitida a trámite una proposición no de ley de adhesión del Gobierno al Proyecto Gran Simio, que defiende incluir a los antropoides no humanos en la categoría de "personas". Este propósito ya ha sido contestado desde la Iglesia, advirtiendo que "por ser demasiado progre se puede caer en el ridículo" y criticando que se reconozca a estos animales unos derechos que se niega a los embriones.

La propuesta generó muchas críticas, provenientes de todo el arco político de España. El secretario general del Partido Popular (PP), Angel Acebes, opinó que esta propuesta "hace caer en el ridículo" al gobierno y lo acusó de tener "otras prioridades", distintas a las de los ciudadanos. El arzobispo Fernando Sebastián, en tanto, manifestó que "no se puede hacer el ridículo para hacerse el progresista", y recordó que esos derechos se les niegan a los embriones humanos.

Pero las críticas no llegan sólo desde la Iglesia y la oposición. Delia Padrón, flamante presidenta de la sección española de Amnistía Internacional, mostró su "sorpresa" por esta iniciativa, ya actualmente los derechos humanos "no se les reconocen a muchas personas".

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Gran Vaca: un proyecto totémico para Asturias

Gran Vaca: un proyecto totémico para Asturias
RAMÓN AVELLO/
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EXISTEN medicamentos que se deben agitar o mezclar en su justa medida para que produzcan al tomarlos los efectos adecuados. Si se nos va la mano en la mezcla o agitamos el frasco demasiado, las virtudes curativas, o bien se volatilizan y se pierden, lo que es malo, o bien se producen efectos contraproducentes, lo que es peor. En cualquier caso, al igual que en el juego de las siete y media, pasarse de la raya siempre es peor que no llegar a ella.

Francisco Garrido, diputado adscrito al grupo parlamentario socialista, se ha excedido en su celo a favor de los primates al plantear, en las Cortes españolas, lo que se podría entender como los 'derechos humanos' de los grandes simios. Si quería llamar la atención, lo consiguió. Incluir a los monos en la categoría de personas, con derechos y protección jurídica similares a las que gozamos los humanos es, cuanto menos, una extravagancia política, éticamente cuestionable.

Sin embargo, bajo los excesos del Proyecto Gran Simio, una ONG que tiene como objetivo la protección de los chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes, subyacen propuestas y reflexiones de hondo calado humano. El derecho a la vida de los primates, el derecho a vivir en libertad en su hábitat, el derecho a que no se les torture, se les maltrate o se experimente con ellos, son algunas de las cuestiones planteadas en el Proyecto Gran Simio que se refieren, más que a los derechos de los animales, a los deberes de los humanos para con ellos. Nuestros deberes con los animales, pensaba Kant, son deberes indirectos para con la humanidad.

¿Tienen derechos los animales? La pregunta se la planteó hace ya dos siglos el filósofo y jurista inglés Jeremy Bentham, y la respuesta fue afirmativa. La característica común a los hombres y a los animales no está en la capacidad racional. Un perro adulto, sostiene Bentham, puede ser más racional que un niño de un año. Parece que hasta una determinada edad, el chimpancé supera en destreza manual y capacidad intelectual, a los niños. La cualidad común en la que se centra Bentham para defender estos derechos es la capacidad de sufrimiento. En vez de preguntarse si una bestia puede hablar o pensar, hay que preguntarse si puede sufrir. El sufrimiento es una manifestación de la sensibilidad; tanto los seres humanos como los animales son realidades 'sintientes', y por ello comparten el derecho a evitar el sufrimiento y a no ser tratados con crueldad.

De todo esto, a la supuesta equiparación legal entre el hombre y el mono hay un abismo. El argumento del genoma compartido, el 98,4% de los genes con los chimpancés, el 97,7% con los gorilas y el 96,4% con los orangutanes, es demasiado excluyente, y deja fuera a los únicos simios que quedan en la península. No nos referimos ni a ese primo sospechoso que todos tenemos, ni a los monos de los zoológicos (cuando los liberen, van a saber lo que es el problema humano de la vivienda). Nos referimos a los monos de Gibraltar.

En Asturias, como no tenemos simios, la idea de los derechos humanos para los animales se podría llevar a las vacas. En el Principado, el colectivo vacuno ha retrocedido en algunos de sus derechos históricos. Por ejemplo, hace años, todas las vacas tenían el derecho a un nombre que como Lucera, Mora, Ministra, o Perla, las individualizaba; a todas las vacas se las 'asoleyaba' con el sol y en su cuadra y en sus pastos, mandaban ellas. Hoy, la vaca es un número anónimo de una ganadería, presa en su granja, y a la que cambiaron los pastos por los piensos.

Pidamos desde aquí la dignidad para las vacas, recuperemos sus antiguos fueros y protejamos sus libertades y derechos fundamentales, desde el derecho a una cuadra digna, al derecho a que se escuche su mugido por un tribunal independiente e imparcial. ¿Va a ser menos una vaca asturiana en el prado que un gorila africano en la niebla?

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Locura por locura

Locura por locura

ABDRÉS BARRIALES
Hay, entre nosotros, quien pide incluir a los antropoides no humanos en la categoría de personas. La iniciativa «Proyecto Gran Simio», impulsada por una organización internacional del mismo nombre, ha sido presentada en el Congreso de la nación en rueda de prensa con ocasión de la admisión a trámite de una proposición no de ley que insta al Gobierno a declarar su apoyo al proyecto y a emprender las acciones necesarias en los foros y organismos internacionales para la protección de los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y extinción.

Los promotores dicen -desde su pensamiento verde e ingenuo- que quiere ser el germen de una gigantesca escuela de pacifismo que elimine la crueldad hacia los animales. Y para conseguirlo ¿pretenden que se les trate como a personas, con los mismos derechos? ¡Pobre favor se les va a hacer! ¿O ignoran lo que les sucede a quienes actualmente tienen por naturaleza esos derechos?

Maltrato, esclavitud, tortura y muerte reciben a diario y por todas partes quienes los tienen, y no se tienen en cuenta las voces que lo denuncian. Es más, si es el caso, se acaba también con esas voces. No me opongo al proyecto. Denles a los antropoides no humanos derechos humanos, llámenles personas y aténganse a las consecuencias. Yo, desde mi estado permanente de ironía, proclamado ya hace años a orillas del Urubamba, en plena Amazonia, donde los hombres y los animales se respetan mutuamente y donde también, por desgracia, hay hombres que no respetan ni a hombres ni a animales ni a plantas, pediré con todas mis fuerzas que se aplique a los humanos la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada ya desde 1978 por la UNESCO y por la ONU.
Su artículo primero dice: «Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia». Y sigue: «Todo animal tiene derecho al respetoÉ Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombreÉ Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos cruelesÉ Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derechoÉ Todo animal que el hombre ha escogido por compañero tiene derecho a que la duración de la vida sea conforme a su longevidad naturalÉ Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposoÉ Los derechos del animal deben ser defendidos por la leyÉ» Locura por locura. A ver quién sale ganando.

Andrés Barriales es escritor y poeta

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Las monadas del PSOE

Las monadas del PSOE
IGNACIO URÍA
http://www.diariodeavila.es/secciones.cfm?secc=Opini%C3%B3n&id=296372
Prometo que pensaba escribir sobre algo más serio, pero no he podido resistirme. Mientras vagaba sin rumbo por internet, una noticia saltó a mi cara con la fuerza de un gorila. «El Grupo Socialista reclamará en el Congreso derechos humanos para los monos». En un primer momento, pensé que había leído mal. Justo después, que había una errata digna de la antología del disparate. «¿Derechos humanos? ¿Para los monos?».

Volví al titular y confirmé la tontería. El PSOE quiere otorgar a los primates algunos derechos fundamentales. La explicación oficial a esta ocurrencia es el Proyecto Gran Simio (Great Ape Project) de la Universidad de Princeton, donde deben aburrirse un montón. Allí, algunos científicos exigen la creación de una comunidad de iguales entre humanos y simios. Como compartimos el 98% de los genes, los monos -dicen- deben ser considerados personas. Por tanto, tienen derecho a la vida, a reproducirse y a ganarse el pan (y el plátano) honradamente. Lo siguiente, me temo, será legalizar el matrimonio entre mandriles de culo rojo (o, peor aún, entre mandriles gays de culo rojo).

En mi infancia había primates muy célebres, pero nunca se me ocurrió pensar que fuésemos familia directa. Estaba la mona Chita, que todavía vive en California con una pensión que ya le gustaría a mi madre. También King Kong, siempre de paseo por Nueva York con Jessica Lange en un puño. O el mono Amedio, que se hizo famoso en su dúo con Marco y al que no me consta que la SGAE le pague una peseta. A esa comunidad de simios ilustres pertenecía el Señor Nilson, maestro de la mueca fácil y compañero fiel de mi sueca favorita, Pippi Calzaslargas. Incluso recuerdo a la doctora Zira y su novio Cornelius, los monos compasivos de El planeta de los simios, versión Charlton Heston, que es la buena.

Si nuestros políticos, en este caso socialistas, estuvieran a lo que tienen que estar no perderían el tiempo con jaimitadas de este calibre. Los seres humanos, por si no lo recuerdan, tenemos deberes con los animales, pero ellos no tienen derechos. Para ser sujeto individual de derechos es necesario ser persona. Es decir, ser libre. Sin embargo, los responsables del proyecto dicen que los monos «deben recibir el mismo trato que los discapacitados mentales y los menores de edad de nuestra especie». Es decir, la pequeña hija de los Príncipes -Leonor de Borbón- es igual a Bongo, el mono que viajaba con el Jabato en los tebeos de Mora.

Respetar a los animales no equivale a considerarlos humanos. De mi raza reconozco, por ejemplo, a los miles de niños asesinados en el vientre de sus madres en un genocidio que supera al holocausto nazi.

De mi raza son los embriones congelados en medio mundo. También los millones de niños que malmueren en los basureros americanos. O los niños soldados africanos o los prostituidos en Asia y Europa. Para todos ellos sí reclamo un trato digno.

Por ejemplo, nacer. Y comer caliente, tener padre y madre, poder ir a la escuela. A ver si alguien se anima y exige estas cosas en el Parlamento. El resto, con perdón, es onanismo.