Categoría: Rodríguez
23 Mayo 2006
Progresistas en la niebla
ALFREDO MARCOS/PROFESOR DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
http://www.nortecastilla.es/pg060522/prensa/noticias/Articulos_Opinion/200605/22/VAL-OPI-158.html
EL progresismo ibérico es como los yogures, se vende en 'pack' indivisible. No es fácil conciliar el velo islámico con el feminismo; la gorra belicista de Guevara, con el pacifismo; el puro de Fidel, con la fresa y el chocolate; ni el nacionalismo, con la igualdad. Pero, qué más da, ¿acaso hablamos de coherencia? No, hablamos de ideología. El progresismo se apoya sobre la idea de que alguien conoce el curso futuro de la historia, alguien sabe cuál es la dirección inexorable del progreso, y a los de-más nos toca seguirle. Ese alguien puede ser desde un partido político hasta un intelectual de moda o un cantante 'démodé'. Pero no es así, no podemos predecir el futuro de la historia, no sabemos hacia dónde va la humanidad. En palabras de Karl Popper, el futuro está abierto, y lo que resulte dependerá principalmente de nuestra libertad individual. Luego la ideología progresista carece de base. A falta de una base sólida, el progresismo se ha convertido en un haz de ideas, muchas veces contradictorias entre sí, ligadas tan solo por factores circunstanciales, por la demagogia o el oportunismo. Solo así se puede entender que el progresista hispánico medio simpatice hoy con ideas que hasta hace dos días consideraba retrógradas, como el nacionalismo, el islamismo o el indigenismo. De este modo sobrevenido y arbitrario, se viene a sumar al 'pack' progre también la defensa de los supuestos derechos de los grandes simios. Personas que confunden a un chimpancé con un bonobo; a Dian Fossey, con Sigourney Weaver; a Jane Goodall, con un personaje de Los Simpson, han captado no obstante que hoy la cosa va de gorilas, que ahora toca salvar al gran simio. Ahora, que ya no hay derrames de crudo en el océano, que ya no existen guerras sobre la faz de la tierra, nos queda la causa del orangután.
Por si alguien prefiere informarse antes de ponerse la pegatina, sépase que la preocupación por el sufrimiento animal procede de las tradiciones liberales y utilitaristas anglosajonas, del pensamiento de autores como Jeremy Bentham y de las investigaciones biológicas de Charles Darwin. Desde los años ochenta del siglo pasado, esta sensibilidad moral se ha ido extendiendo gracias a las intensas, e incluso a veces heroicas, investigaciones de campo llevadas a cabo por primatólogas como Fossey, autora del famoso libro 'Gorilas en la niebla', o Goodall. Gracias a ellas, hemos conseguido un nuevo y sorprendente conocimiento de la conducta animal y de los nexos sociales y afectivos que se dan en las poblaciones de grandes simios. Merced al apoyo y la difusión que dio a estas investigaciones el National Geographic, con hermosísimas y conmovedoras imágenes, se logró una repercusión pública sin precedentes. Ambas científicas trabajaron dentro de un proyecto más amplio concebido por Louis Leakey, especialista en evolución humana. Pero, con independencia de lo que pudiera enseñarnos sobre la evolución humana, la observación sistemática y continuada de los grandes simios en libertad se reveló como una fuente apasionante de conocimientos que interesan por sí mismos. Mostró, entre otras cosas, que la caracterización del animal como una especie de máquina conductista era perfectamente falsa. Muchos animales -no solo los grandes simios- tienen una imagen mental del mundo, están dotados de imaginación y de memoria, de ciertas emociones y forman parte de una tupida red de relaciones sociales y ecológicas. A diferencia de los seres humanos, los demás animales no poseen autoconciencia, pero podemos pensar que su sufrimiento y dolor se parecen mucho al nuestro, y podemos obrar en consecuencia de forma empática.
Ahora bien, una ética que busque evitar el sufrimiento animal no tiene por qué derivar en una política absurda de invención de nuevos sujetos de derecho, ni mu-cho menos en una nueva antropología que pase ahora a olvidar las tan evidentes diferencias entre los humanos y los demás animales. Tras igualar a los humanos con los otros animales, corremos el riesgo de acabar tratando a los humanos como ni siquiera los otros animales deberían ser tratados. De hecho, el principal ideólogo del Proyecto Gran Simio, Peter Singer, se muestra tolerante con el infanticidio. Quien no haya leído los textos de Singer es posible que dude de que un moralista reputado pueda combinar la sensibilidad más exquisita ante el sufrimiento animal y la más irresponsable de las cegueras ante el valor de la vida humana, especialmente de la vida de los más débiles. Pero así es. Sus textos son perfectamente explícitos. En su libro Ética Práctica podemos leer: «La vida de un recién nacido tiene menos valor que la de un cerdo, un perro o un chimpancé [ ] Las razones para no matar personas no son válidas para los recién nacidos». Y propone directamente negar el pleno derecho jurídico a la vida a los bebés menores de un mes por el momento. Antes de colocarse la pegatina, calculen ustedes el riesgo al que nos abocan. ¿Sería mucho pedir?
Basta con el sentido común para saber que si es posible evitar el sufrimiento animal, hay que evitarlo. En esa línea apuntan tantas medidas que desde hace tiempo se vienen tomando para la correcta regulación de la cría, el transporte y el sacrificio de animales.
Pero, convertir estas observaciones de puro sentido común en un estandarte partidista, en un disparate jurídico, en la disculpa para la imposición de una nueva antropología oficial, eso solo puede responder a los intereses oportunistas de un gobierno como el nuestro empeñado en la reeducación de las conciencias.
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18 Mayo 2006
Los derechos humanos y los derechos de los simios
EDUARDO GARCÍA PEREGRÍN/CATEDRÁTICO DE BIOQUÍMICA Y BIOLOGÍA MOLECULAR
http://www.ideal.es/granada/pg060517/prensa/noticias/Tribuna_Granada/200605/17/COS-OPI-106.html
HACE unos días, el grupo parlamentario socialista presentó en el Congreso una proposición no de ley para la adhesión de España a un programa internacional llamado Proyecto Gran Simio, cuyo objetivo es proteger a los grandes simios (gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes) frente a la esclavitud, la muerte y la extinción, otorgándoles la misma protección moral y legal que la que gozan actualmente los seres humanos. En palabras del diputado Francisco Garrido que presentó la proposición, si ésta se aprueba el Gobierno se comprometerá a proteger el hábitat de estos animales, a eliminar su maltrato y a prohibir su utilización en investigación, reconociendo un principio de autonomía derivado de la similitud genética y etiológica con la especie humana. Este proyecto pretende crear una «comunidad de iguales» que incluya a los seres humanos y a estos animales, en base a que se transmiten el conocimiento, tienen vida social y fabrican instrumentos, lo cual les hace parientes muy próximos a los humanos. Aunque en la proposición no de ley no se cita la expresión «derechos humanos», sus defensores han hablado reiteradamente de dotar a estos animales «de tres derechos de las personas».
El Proyecto Gran Simio está presidido e impulsado por el bioético australiano Peter Singer, principal representante del utilitarismo, una corriente bioética que tiende, entre otras cosas, a desdibujar el umbral que separa a las personas de los animales. Para los seguidores de esta corriente utilitarista se podría justificar la investigación con embriones humanos, la eutanasia y la eugenesia, además de la implantación de un rígido control demográfico, basándose en su utilidad práctica. Son clásicas las siguientes frases de Singer que ponen de manifiesto su pensamiento: «es más valioso un cerdo adulto que un bebé humano» o «en un incendio, salvaría antes a un ratón que a un hombre con un daño cerebral irreversible». Las tesis de Singer se hicieron famosas porque sostienen que hay una diferencia radical entre hombre y persona. Para este autor, no todo hombre es persona y, por lo tanto, sólo las personas (y no todos los seres humanos) son sujeto de derechos y merecen protección y respeto. Según Singer, para que ocurra la condición de persona se requieren algunas cualidades como la racionalidad, la memoria, la capacidad de expresar intereses, etc. De acuerdo con esta tesis, los recién nacidos deficientes, los enfermos fuertemente discapacitados (enfermos de Alzheimer por ejemplo) o los que se encuentran en coma no son personas y, por lo tanto, pueden ser suprimidos o marginados sin que ello suponga un desprecio a una dignidad que no tienen. En una de sus obras traducidas al español, Singer no llama a sacralizar la vida de los animales, ni siquiera la de los grandes simios, sino a desacralizar la vida humana. Con otras palabras, no se trata de proteger a los grandes simios como animales especialmente amenazados, sino de reconocer su igualdad con los seres humanos, como parte de esa nueva «comunidad de iguales» que pretender instaurar. No estamos en contra de la defensa de estas especies animales frente a su desaparición, de prohibir su tortura, muerte o maltrato, etc., pero creemos que al equipararlos a los seres humanos se está traspasando un abismo deshumanizante.
Uno de los datos que manejan en apoyo de su tesis es la analogía entre el genoma humano y el de estos animales. En efecto, los estudios en genómica comparada han demostrado que el genoma humano es semejante en un 99.4% al de los grandes simios. Pero de todos es sabido que esa pequeña diferencia cuantitativa es enormemente importante por sus consecuencias.
Curiosamente, a los pocos días de la presentación de la proposición no de ley anterior, el Congreso ha aprobado la nueva Ley de Reproducción Asistida sin admitir las modificaciones propuestas por el PP y aprobadas en el Senado gracias a la ausencia de numerosos senadores del PSOE mientras se televisaba el partido de fútbol entre el Barcelona y el Milán. Uno de los puntos de la nueva ley permitirá la utilización de embriones humanos para fines de investigación, cuando se obtengan más de los que vayan a ser implantados.
Ante estos hechos nos podríamos preguntar: ¿cómo se puede prohibir la investigación con animales en base a que tienen un 99.4% de similitud genética con la especie humana y se puede permitir la investigación con embriones humanos que tienen un 100% de genoma humano? El Presidente del Proyecto Gran Simio en España dijo textualmente: «le duela a quien le duela, los seres humanos somos grandes simios». Por lo visto, los embriones humanos no llegan a la categoría de grandes simios.
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11 Mayo 2006
De la evolución a la involución: volvemos al mono
Subt subt subt.
JOSÉ IGNACIO MUNILLA AGUIRRE/
http://www.diariovasco.com/pg060510/prensa/noticias/Opinion/200605/10/DVA-OPI-377.html#
A finales de abril se admitía a trámite en el Congreso de Diputados de España una Proposición no de Ley, por la que se instaba a la adhesión al «Proyecto Gran Simio», presentado por la organización internacional del mismo nombre. Por mucho que la ministra Cristina Narbona haya salido a la palestra diciendo que no hay motivo para alarmarse, ya que tan solo se trataría de una iniciativa en favor de la preservación de unas especies en peligro de extinción, muy a pesar de ella, ocurre que existe la posibilidad de conocer directamente www.proyectogransimio.org/ los contenidos y propuestas del Proyecto Internacional Gran Simio, al que el gobierno Zapatero quiere que nos adhiramos. Una vez más, parece que vamos a ser pioneros en sumarnos a una iniciativa que inaugura en España una campaña internacional.
En la web oficial Proyecto Gran Simio se nos ofrece unas imágenes de cuatro simios y un hombre, y entre ellas se coloca el signo matemático de igualdad. Mono = hombre. Los contenidos de la página son claros y diáfanos: «El objetivo es borrar la idea de la especie». «La idea es radical pero sencilla: incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, al otorgarles la protección moral y legal de la que, actualmente solo gozan los seres humanos trabajar por la supresión de la categoría de propiedad que ahora tienen los antropoides no humanos y por la inclusión inmediata en la categoría de personas». «Nuestro objetivo a largo plazo es conseguir una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides». «Compartimos el 98,4% de los genes con los chimpancés, el 97,7% con los gorilas y el 96,4% con los orangutanes... La diferencia genética es menor que la existente entre especies de un mismo género y familia». (Nada se dice en la citada web del dato científico contrastado de que el cerdo tiene mayor similitud fisiológica con nosotros que los simios. ¿Para cuándo el Proyecto Gran Cerdo?, permítasenos la guasa). Pero aunque pudiera parecer todo esto una broma, estamos ante algo muy serio. Peter Singer, filósofo australiano, es uno de los ideólogos de este Proyecto Gran Simio que el parlamento español se dispone a suscribir. Este autor afirma (cf. Etica Práctica, 2ª edición) que si un animal tiene más perspectiva de futuro que una criatura humana que esté enferma, entonces tiene también más derechos. Su ética práctica afirma que los derechos los da la biología. El ser humano es despojado de este modo de su categoría de persona.
¿Por qué oculta esta realidad la señora ministra al afirmar que sólo se trata de una campaña de protección de especies en extinción? ¿No será que al despojar al ser humano de su dignidad de persona humana, se está buscando un aval ético para justificar la experimentación con embriones humanos y lo que esté por llegar con los enfermos en fase terminal?
Sería imposible entender esta propuesta parlamentaria sin tener en cuenta la serie muy larga y concatenada de falsificaciones en temas muy graves de la antropología y de la ética que le es consecuente. Veamos algunos eslabones de esta crisis:
1º.- Cambiar el concepto de persona, disociándolo de la especie humana, requería previamente otras fragmentaciones antropológicas; por ejemplo, disgregar la persona humana de su propia sexualidad. Recordemos que el Gobierno español ha anunciado ya su apoyo a las reivindicaciones de los colectivos de transexuales, para costear las operaciones de cambio de sexo o la permisión de cambio de sexo en el Registro Civil. El sexo ya no sería «algo que se es» (personalidad masculina o femenina), sino «algo que se tiene»: es decir, unos órganos sexuales que pueden cambiarse a elección de cada uno.
2º.- Y a su vez, esta disociación de la personalidad de su propia sexualidad, está en consonancia con la falsificación del concepto de matrimonio, el cual deja de ser la unión del hombre y la mujer. El matrimonio pasaba de ser la institución natural en la que se engendra la vida en comunión de vida conyugal, a un mero pacto civil que ampara una simple convivencia sexual.
3º.- La aceptación del matrimonio homosexual, sin que su imposibilidad de engendrar la vida sea considerada como obstáculo para su equiparación al matrimonio natural, sólo es posible porque anteriormente la mentalidad antinatalista había impregnado nuestros valores. La anticoncepción y el aborto habían introducido una lógica en la que la sexualidad se disociaba de la procreación.
4º.- El terreno había sido abonado también en gran manera por otra desintegración antropológica: amor y sexo. La pornografía se ha encargado de reducir la sexualidad a su dimensión instintiva y animal. Nada que ver con la sexualidad como expresión de amor y vehículo de donación y entrega de la vida.
5º.- La violencia machista no es más que otra manifestación de la animalidad del hombre, un desdibujamiento práctico y moral del concepto de persona. El origen del machismo está en la «ley del más fuerte». Es decir, su raíz está en la vivencia de las relaciones humanas a nivel animal. Al igual que en el reino animal, el macho domina por lo general a la hembra, haciendo del sexo un instrumento de sometimiento.
6º.- Y, ¿cómo no!, el desamor, una de cuyas principales manifestaciones es el divorcio, está en el inicio de todas estas falsificaciones antropológicas. Cuando Benedicto XVI decidió publicar su primera encíclica, Dios es amor, lo hizo plenamente consciente de que el centro de la crisis que padecemos no es tanto la moral, cuanto la carencia de sentido de la existencia. Sólo cuando sabemos que venimos del Amor y que volvemos a él, es cuando podemos dar lo mejor de nosotros mismos, amando con un amor que integra el ágape y el eros. Si en el inicio de la crisis antropológica está el desamor, el Proyecto Gran Simio nos permite comprobar que el último eslabón de esta crisis afecta al mismo concepto de persona.
Lo paradójico es que los que acusaban a la Iglesia de no aceptar a pies juntillas la evolución, sean los protagonistas de la involución. Decían que el hombre proviene del mono, ¿y a mero mono lo han terminado por reducir! Si en la web antes mencionada se dice que simio = hombre; entonces, por lógica, hombre = simio. Por ello, hoy más que nunca, conviene recordar lo que el difunto Julián Marías afirmaba dirigiéndose a un grupo de sacerdotes: «cada vez es más necesaria la predicación de la existencia del alma humana, para preservar la dignidad del ser humano». Nos enfrentamos a un riesgo real de despersonalización del hombre. Con cierta sorna me decía ayer un amigo que había que buscarle a todo su lado positivo: «mi esperanza de que no me apliquen la eutanasia es que me asimilen a los simios». Y de la ironía a la realidad: la última batalla del laicismo se va a concentrar en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana.
http://www.diariovasco.com/pg060510/prensa/noticias/Opinion/200605/10/DVA-OPI-377.html#
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2 Mayo 2006
¿ Ecologistas S.A. como Paco Garrido?. Los ecoclogistas ya se han apoltronado desde que tienen escaño y ganan mucho más que en su vida laboral anterior. ¿POr qué callan algunos ante la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero, callan ante tntas cosas, son tan sumisos al poder? ¿Y los incendios forestales de los veranos?
Por otro lado mejor se dedicara el Gobierno a dar mejor trato a los inmigrantes que tratan de llegar en pateras a las costas españolas, y que muchos de ellos mueren ahogados. Como los más de 1.2000 que murieron en los últimos meses frente a Canarias.
Bueno, lena este enlace
Gran Simio
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COMO los humanos a los que debe su cargo y su representación no tienen problemas que resolver ni en Sevilla, ni en Andalucía ni en España, el diputado verde que festonea el monolítico grupo parlamentario socialista en el Congreso, Francisco Garrido –Paco Garrido, para amigos y conocidos– ha presentado una proposición no de ley para que el Gobierno español se adhiera al Proyecto Gran Simio, cuyo objetivo es proteger del maltrato y liberar de la esclavitud a estos "compañeros genéticos de la humanidad": orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas. Los compañeros simios, vamos.
Es lo que tiene el ecologista cuando se oficializa: una vez logrado el escaño de diputado, tan útil para la mercadotecnia del partido gobernante, el verde llega rápidamente a la conclusión de que allí no van a hacerle ningún caso y que todas las ideas que alegremente le avalaron en el pacto previo a las elecciones (desarrollo sostenible, lucha contra la contaminación, energías renovables, etcétera) se quedan en nada ante la cruda realidad de la economía globalizada y competitiva. Pero entonces, lejos de irse a su casa a rumiar en silencio la frustración de un sueño (otro más), el verde establecido se conforma, se apoltrona y se alivia la mala conciencia con una política de gestos vistosos e inofensivos, guiños de cara a la galería e iniciativas tan aparentemente audaces como descarnadamente extravagantes.
A esta lógica obedece la proposición simiesca. En vez de sacarle los colores al Gobierno –al que debe su puesto– por ser el que más lejos de todos los de Europa se halla de cumplir la reducción comprometida de los gases de efecto invernadero –que eso sí que es un problema grave, para hoy y para mañana–, Garrido le insta a sumarse al Proyecto Gran Simio que, total, es uno de esos planes internacionales cargados de buenas intenciones y que, en el mejor de los casos, acaba en una declaración rimbombante que los Estados casi nunca avalan y que, si los avalan, nunca cumplen. Naturalmente, la proposición está ya pactada con la ministra de Medio Ambiente, encantada de sumarse a una política menos complicada y de más altas miras que la sequía, los trasvases o el calentamiento de la atmósfera.
Cuando se apruebe la iniciativa de Garrido, el Gobierno se comprometerá nada menos que a proteger el hábitat de estas especies, o sea, los bosques primarios de África y Asia. Esperemos que lo haga con más suerte y acierto de los que le acompañan en el trato que dispensa a las decenas de miles de sus parientes humanos que también llegan a nuestras costas desde los bosques primarios africanos y asiáticos. La bondad natural del ecologismo institucionalizado, golpeada en lo más íntimo por su impotencia ante la falta de derechos, la esclavitud y la tortura que padecen dos terceras partes de los seres humanos, se revuelve y proclama los derechos de nuestros primos monos. Pues nada, a cerrar circos y zoológicos.
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1 Mayo 2006
Los derechos humanos del rinoceronte
EUGENIO DE RIOJA
Se veía venir la operación Gran Simio, como la guinda que adorna el pastel, que a su vez adorna una evidente hoja de ruta para convertir este país, todavía llamado España, en una edición corregida y aumentada de «Los animales de la Granja», de Orwell. No en vano en Vista Alegre llamaron a ZP los suyos: «Bambi de acero, te quiero». Los derechos «humanos» de los simios estaban ya en la cultura que nos rodea. ¿Se manipulará la genética de los monos como se manipula la de los humanos? No. Porque la defenderá la ecología. Los guardaespaldas, o sea gorilas, la violencia bestial en las aulas, el derecho de los alumnos a hacer novillos, consagrado por la LOE, la intervención de discentes y subalternos en las tomas de decisión de la Universidad, marcar territorio las pandillas aprendices de delincuentes, la caza del profesor como representante del progreso de la especie humana por los que quieren seguir la ley de la selva. En suma, la violencia, droga que consumimos mientras la objetamos. ¡Qué curioso: le echamos la culpa de este regreso al más feroz instinto animal a la violencia y no hay película, hoy por hoy que no sea violenta! La violencia y la permisividad sexual instintiva forman el entramado cultural que nos entra por la ventana electrónica.
Ahora se articula una gran bestialidad en medio del silencio de los intelectuales, de la Universidad, y de la «gauche divina». Rossana Rosanda, nada sospechosa de pertenecer a la reacción, se preguntaba hace casi 20 años: «¿No da cierto miedo que las izquierdas en cuanto están instaladas en el poder consideran sagradas, democráticas e intocables, sólo por el simple hecho de su presencia, instituciones y leyes a las que se opondrían sin más si se hallasen en la oposición?». Lo que toca este Gobierno quiere convertirlo en acto de fe de su credo laico. Ortega, se lamentaba: «Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad». Este regreso cínico a los ancestros, tras la memoria del abuelo, es un tumor que cada día nos sorprende con una extensión impredecible de la metástasis.
No se explica, si no es entendiendo este proceso político como patológico, que un catedrático de la talla de López Garrido, conspicuo primero de IU y ahora portavoz parlamentario del PSOE, intente convencernos de las bondades del proyecto Gran Simio. No se explica ni siquiera siguiendo la regla general del fanatismo del converso. El gran simio es la evolución del Gran Hermano, no el «1984», de Orwell, con ser tan premonitorio del transformismo de este régimen socialista, sino la mera reducción de lo humano a lo animal en ese programa de TV «Gran hermano», donde, por otra parte, el derecho a la intimidad que se quiere proteger a los gorilas en la niebla, se conculca a la vista del televidente. Cuando este programa comenzó hace unos años, Gustavo Bueno vino a decir que los encerrados en la casa común eran como monos en una jaula haciendo sus cositas a la vista del mirón. Monerías que han devenido en el reconocimiento de los simios como arquetipos. «Simiis similo probra», latinajo que podría traducirse por «Con los simios disimulo mi perversidad».
El drama de Ionesco «El rinoceronte» plantea en las primeras escenas la plácida vida provinciana en la que lo insólito la altera. Una pareja asegura haber visto un rinoceronte. A medida que la obra transcurre, la gente del pueblo acepta haber visto al animal. Sólo un hombre asegura que no lo ha visto, y es separado trágicamente de la convivencia. Julio Anguita, líder emérito de IU, ha dicho que esta neoconfiguración de las autonomías convertirá España en el monstruo de Frankestein. A la vista de la irresistible ascensión y aceptación de los derechos humanos (?) del gran simio, adecuado símbolo sería King Kong.
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1 Mayo 2006
El Partido de Zapatero afirma que no son humanos pero están en nuestra familia
Polémica en España por la propuesta del PSOE de otorgarles "derechos humanos" a los monos
Con la justificación de que el hombre comparte el 98,4 por ciento de los genes con los chimpancés, el 97,7 por ciento con los gorilas y el 96,4 por ciento con los orangutanes, el Grupo Socialista español presentará un proyecto que pide "derechos humanos" para los simios. Esta tesis parte de la organización internacional Proyecto Gran Simio, que busca una declaración de la ONU sobre los derechos de estos animales.
Diarioexterior.com
28 de abril de 2006
Una iniciativa apoyada por el Grupo Socialista del Congreso para reconocer a los simios derechos humanos ha levantado ya la polémica, en víspera de su presentación oficial. A propuesta del diputado Verde adscrito al PSOE, Francisco Garrido, ha sido admitida a trámite una proposición no de ley de adhesión del Gobierno al Proyecto Gran Simio, que defiende incluir a los antropoides no humanos en la categoría de "personas". Este propósito ya ha sido contestado desde la Iglesia, advirtiendo que "por ser demasiado progre se puede caer en el ridículo" y criticando que se reconozca a estos animales unos derechos que se niega a los embriones.
La propuesta generó muchas críticas, provenientes de todo el arco político de España. El secretario general del Partido Popular (PP), Angel Acebes, opinó que esta propuesta "hace caer en el ridículo" al gobierno y lo acusó de tener "otras prioridades", distintas a las de los ciudadanos. El arzobispo Fernando Sebastián, en tanto, manifestó que "no se puede hacer el ridículo para hacerse el progresista", y recordó que esos derechos se les niegan a los embriones humanos.
Pero las críticas no llegan sólo desde la Iglesia y la oposición. Delia Padrón, flamante presidenta de la sección española de Amnistía Internacional, mostró su "sorpresa" por esta iniciativa, ya actualmente los derechos humanos "no se les reconocen a muchas personas".
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27 Abril 2006
<blockquote>El Estatuto del Mono
Por ANTONIO BURGOS
PROGRESAMOS. Ya hay un mono que, sin darle leña alguna, habla catalán. Se llama Awali. Gorila. Como los zapatos irrompibles de la pelotita verde que nos compraban nuestras madres. Awali ocupa en el zoo de Barcelona la plaza vacante por deceso del famoso Copito de Nieve. Tiene a su disposición fornicatoria a cuatro hembras sexys y complacientes: Coco, Yangú, Batanga y Muni. Awali es, más o menos, como los jugadores que ficha el Barsa. Nació en 1993 en Amsterdam: vamos, paisano de Cruyff. Estuvo antes en Sttutgart y en Paington (Gran Bretaña). Lugares donde sus cuidadores le hablaban en una lengua minoritaria, con la que apenas se expresan el Príncipe Carlos y Los Beatles: el inglés. Ese dialecto minoritario en el que Shakespeare se hizo con la calavera un lío, si SER o no SER, que parece el EGM de la radio más que «Hamlet».
Bendita la hora en que Awali llegó al zoo de Barcelona, porque sólo así y allí pudo comenzar su proceso de normalización lingüística. A Awali empezaron inmediatamente a hablarle en catalán porque la Generalidad multa a los cuidadores de gorilas que no chamullen la lengua del imperio. Awali ha hecho grandísimos progresos en la lengua de Espriu. Awali comprende perfectamente los informativos de Tele Maragall y hasta exige por las mañanas que, junto con la ración de plátanos del desayuno, le lleven el «Avui». Se bebe los editoriales. «Aprenderá catalán más rápido que muchos futbolistas», ha dicho rebosante de satisfacción Jordi Portabella, quien ha anunciado que Awali ya entiende todas las órdenes en catalán.
Es decir, que Awali ha llegado al Nivel Zapatero en el conocimiento de la por otra parte hermosísima lengua: entender las órdenes en catalán. Y obedecerlas. Desde que lo metieron en la jaula dorada de La Moncloa, Zapatero, como Awali, ha hecho grandes progresos en el conocimiento del catalán. Lo entiende mucho mejor que Ronaldinho. Zapatero entiende todas las órdenes en catalán que le dan. Entendió perfectamente las órdenes en catalán que le dio Carod Rovira, tras entrevistarse con los asesinos de la ETA en Perpiñán. Entendió perfectamente las órdenes en catalán que le dio Artur Mas en la noche en que resucitó un Estatuto que estaba amorcillado, buscando las tablas, a punto de echarse. No se olvide que al Estatuto catalán lo levantó el puntillero, y que el puntillero fue Zapatero, quien no solamente entiende perfectamente todas las órdenes que le dan en catalán, sino que las lleva a la práctica sumisamente.
Tras lo de Awali, pues, no me extraña que llegue al Congreso el Proyecto Gran Simio para la inclusión inmediata de estos animales en la categoría de personas y que se les otorgue la protección legal de la que actualmente sólo gozan los seres humanos. Es lo menos que se podía esperar: a ver si se aprueba pronto el Estatuto del Mono. Será de gran utilidad ante los desastres nacionales que se avecinan. Por ejemplo, quien viva en Barcelona, defienda la Constitución y quiera que sus hijos aprendan castellano en la escuela, sólo alcanzará la libertad y le serán reconocidos sus derechos humanos fundamentales si se acoge al fuero de sagrado del Estatuto del Mono. Los navarros tendrán preservados todos sus derechos frente al imperialismo separatista vascongado, acogiéndose al Estatuto del Mono. Todos, de mayores, querremos ser simios, para que nos reconozcan los derechos humanos que hoy por hoy se nos niegan. Como andaluz, me pido Estatuto del Mono en vez de la realidad nacional, y exijo la inmediata anexión de los macacos de Gibraltar.
Mas en punto al Estatuto del Mono, lo que nadie me quita de la cabeza es el nepotismo, cuando miro a Rubalcaba y pienso en la etiqueta del Anís del Mono, donde el simio proclama, probablemente acerca de Zapatero: «Es el mejor. La Ciencia lo dice y yo no miento».
http://www.abc.es/abc/pg060426/prensa/noticias/Opinion/Colaboraciones/200604/26/NAC-OPI-003.asp
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27 Abril 2006
‘Gran Simio’ solivianta a guardias y transexuales
Por : Asier Martiarena
http://www.metrodirecto.com/noticia.asp?ref=27742
El pasado martes se presentó en el Congreso de los Diputados el Gran Simio. El proyecto, basado en la evidencia de que el hombre y el simio comparten el 99,4% del material genético, reclama que España desarrolle una ley que garantice los derechos de estos animales.
Esta proposición de ley, que garantiza a los simios “tres derechos de persona: vida, libertad y no ser torturados”, ha sido bien recibida por diversos colectivos –Guardia Civil, transexuales, periodistas– que solicitan su adhesión a la iniciativa. Los periodistas presentes ayer en el Congreso de los Diputados se saludaron con “¡Qué pasa, compañero genético!” al son del Baile del Gorila de Melody. Desde la Asociación Independiente de la Guardia Civil (ASIGC) reclamaron “derechos de simio” para los agentes, al considerar que carecen actualmente de “protección moral y legal”. El citado colectivo también promovió ayer el proyecto Gran Guardia justificándose señalando que los agentes comparten “el 100% de los genes humanos”.
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