De Bambi a Tarzán
Tampoco lo están, por lo visto, los promotores de la susodicha iniciativa. Gente de respeto: Jane Goodall (premio Príncipe de Asturias, ay), Joaquín Araujo y otros investigadores eminentes y, al parecer, perfectamente sobrios. No, Diane Fossey no firma porque se la merendaron los gorilas, en un gesto de ingratitud de lo más humano que viene a dar la razón a los postulantes, en el sentido de que nuestra especie comparte el 98,4 por ciento de material genético con estos primos hermanos. Razón por la cuál esgrimen la necesidad urgente de concederles una atención humanitaria de la que por el momento no disponen de hecho tres cuartas partes de la Humanidad propiamente dicha.
Esto debe de ser cosa de las sociedades ultradesarrolladas. Alcanzados unos niveles excelsos de bienestar, se nos va la olla y derivamos en esta clase de extravagancias. Vargas Llosa contó en un célebre artículo el calvario legal que sufrió en Inglaterra cierta joven que se olvidó, al marchar de vacaciones, de proveer de alimento a una ratita enjaulada, de nombre Ziggy. Pero esto de los primates sobrepasa los límites al comparar su inteligencia (la de los monos, no la de sus defensores) con la de los menores de edad y los discapacitados mentales. Ya puestos, deberían haber añadido que hay orangutanes con bastante más sensibilidad que algunos políticos... y no pocos científicos.
Parece, pues, que en su avanzado afán por proteger a las minorías y establecer un marco irreversible de progreso, el Partido Socialista se dispone a promover la igualdad de los hombres (y las mujeres, faltaría más) con los simios (y las simias). Debe de tratarse de que ya no quedan minorías que atender en la agenda de reformas legislativas, y que todos los ciudadanos españoles gozan de la protección adecuada de nuestro majestuoso Estado del Bienestar. Bueno, algún espíritu quisquilloso podría objetar que ciertos seres no nacidos acaso mereciesen la condición de personas antes que los mandriles, y que algunos padres (y madres) de familia heterosexuales quizá deberían tener prioridad sobre el clan de la mona Chita, pero se trata sin duda de residuos de la mentalidad reaccionaria anclados en el más rancio catolicismo. Gente del pasado, en fin, ajena al viento imparable de la modernidad. Esto no hay quien lo detenga: hemos pasado de Bambi a Tarzán.
