La cuestión del mono
Los profesores son otro colectivo que se preocupa al tener que soportar en el aula a gorilas, orangutanes ..
Lola Clavero
No nos gustaba la idea de que Adán y Eva fuesen monos, pero la lógica nos decía que era así. La lógica se anunciaba en la primera lección del libro de historia donde se nos decía que el hombre procedía del mono. Teoría que venía ilustrada con dibujos; una hilera de simios en evolución ascendente. El primero andaba a cuatro patas porque aún no había caído en que era más cómodo andar sobre dos, el segundo ya andaba sobre dos pero aún estaba muy barbado e hirsuto pues todavía no había descubierto lo fresquito que se está rasurado, el último, en fin, ya se había pelado y rasurado pero seguía cortando los bistecs con hachas de silex. El panorama, visto así, era desolador; los humanos procedíamos de una especie de los simios, y, a la vista de los datos, de una especie de monos no demasiado avispados. No era de extrañar que a Darwin, quien propuso la teoría, se le hubiese liado la que se le lío; aceptar semejante realidad es muy duro para todo humano. Sin contar con que el asunto movía inevitablemente a la duda teológica, pues por un simple silogismo pueril, un escolar de nueve años convertía el paraíso terrenal en un parque zoológico. Era lógico pensar que si los primeros hombres habían sido monos y Adán y Eva habían sido los primeros hombres, Adán y Eva, en consecuencia eran monos perdidos. Una cuestión peliaguda que el profesor de un colegio católico resolvía diciendo que ni no ni sí, sino todo lo contrario, tengamos la fiesta en paz y pasemos al tema dos. Lo cierto es que en los colegios de monjas pasábamos sobre el tema controvertido de los monos con la misma rapidez que sobre el tema de la reproducción (fuese humana o animal.)
Mejor, a uno no se le ponía buen cuerpo pensando en guardar cierto parentesco con aquellos monos de feria a los que vestían de gitana y campero para hacerse la foto en el Real.
Sin embargo, la cuestión que parecía soterrada, adormecida en las primeras páginas de las enseñanzas escolares, vuelve a ponerse de plena actualidad y despierta olvidadas polémicas desde que el grupo socialista presentó su proyecto `Gran simio´, en virtud del cual se pedirá ante la ONU que se reconozcan para los grandes simios, chimpancés, gorilas y orangutanes los mismos derechos que aquellos de los que gozan los humanos. Matizando, los citados simios serían considerados en el seno de la sociedad en la misma categoría que los menores y discapacitados. Planteado así, el asunto provoca alarma, pues parece que esos derechos excederían al simple derecho a no ser torturados, vivir en mísero cautiverio y sufrir vejaciones como atracción de circo, sino que en literal equiparación podrían rayar en el delirio. Por ejemplo, se plantean los alarmados, siendo así, los monos tendrían derecho a la educación. Ante semejante posibilidad, la clase docente comienza a sumar razones para la depresión, pues conociendo la línea paternalista de los socialistas en materia educativa, ya se están imaginando que, sin duda, habrán de contar entre sus discípulos a gorilas, chimpancés y orangutanes como alumnos de integración, ejercitando además nuevas estrategias para lo políticamente correcto. No olvidarse, por ejemplo, de dirigirse al alumnado en los términos, `alumnos y alumnas´, `gorilos y gorilas´ y así. Por lo demás habrá que evitar tajantemente expresiones como "Ramiro, no hagas el gorila" que podrían ser interpretadas como grave ofensa discriminatoria y desembocar en apertura de expediente... Por lo demás, que no cunda el pánico, desde aquí me dirijo a la clase docente con un mensaje consolador: Ni siquiera un orangután, incluso disfrazado de lagarterana, podría llegar a ejercer un comportamiento demasiado insólito, nada que no hayan visto ya estas aulas del siglo XXI. Por otra parte que se contemplen los derechos de los simios :derecho a no ser torturado, a licenciarse del circo y a ser considerados humanos es una noticia extraordinaria para los profesores. A lo mejor, en atención al parentesco genético, algún día a los docentes se le reconocen los mismos derechos que a los simios.
